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ALEGATO HISTORICO REGIONALISTA

marzo 18, 2021

Enero de 1999.

ALEGATO HISTORICO REGIONALISTA

Resumen

Presentación

¿Por qué Chile ha sido, es, y probablemente seguirá siendo -a menos

que nosotros hagamos otra cosa- un país recalcitrantemente centralista?

¿Cuáles han sido los factores que han permitido que el centralismo,

por más de 150 años, se haya impuesto una y otra vez sobre toda forma

de real descentralización?

Desde luego, históricamente, son hechos ya archicomprobados que

1) la masa ciudadana nunca ha deliberado de manera libre e informada

para decidir por sí y ante sí cómo organizar el Estado; y 2) que, en cada

oportunidad que las comunidades locales se han alzado contra el peso

del centralismo santiaguino, el intento ha sido abortado, por lo común,

a sangre y fuego (como en 1829, en 1851, 1859, 1891 y 1927). Son hechos

concluyentes, sin duda; probatorios de que el centralismo chileno no ha

sido ni es producto de una decisión soberana de la ciudadanía, sino de

la intervención directa o concomitante de los aparatos militares (o poderes

fácticos); y ello con anuencia y complicidad de la clase política civil,

y la presencia en bambalinas del gran capital mercantil-financiero. No se

ha fundado ni se funda, pues, en la legitimidad ciudadana, sino en

diversas formas usurpatorias de la soberanía. En este contexto, no sorprende

que todas las propuestas de descentralización donde se planteaba

que el gobierno debía ejercerse democráticamente ‘desde abajo’

(privilegiando instancias como los municipios autónomos, las asambleas

provinciales o la soberanía comunal de las redes y organizaciones sociales

de los propios ciudadanos) hayan sido desechadas como “anarquistas

”, o con el pretexto de que la ciudadanía carecía de madurez para

ello. Sus proponentes fueron, a veces, aniquilados o encarcelados; otras,

tratados de ilusos, idealistas, cuando no ignorados. Tal les ocurrió a los

“pipiolos” a fines de los años veinte, a los “liberales rojos” en los cincuenta,

al Presidente Balmaceda en 1891, a los movimientos sociocráticos

y municipalistas de la década de 1920, a los promotores del “poder popular

” en 1973 y a los que creyeron en la Asamblea de la Civilidad

durante la reciente “transición a la democracia”. Fue así como naufragó

en Chile no sólo el anarquismo y el corporativismo, sino también el

federalismo y la propia democracia social.

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